¿Cómo surgió el vino?

Hace seis o siete mil años empezó en Sumeria, el país de mayor antigüedad en Mesopotamia, el cultivo de la vid y la consecuente elaboración de vino. De aquí se propagó la vitivinicultura a las regiones vecinas y los valles limitados por los ríos Tigris y Éufrates, para más tarde desarrollarse en sitios más distantes. En Ur, la antigua capital de Mesopotamia, fueron descubiertas numerosas tablillas de barro cocido, con una edad estimada de 2 mil 750 años, en las que se describen, en escritura cuneiforme, varios episodios de la elaboración del vino.

Algunos historiadores del vino inciden en que hace poco más de cinco milenios, en algún punto del Mar Negro, donde por primera vez, quizá en forma accidental, los hombres comenzaron a elaborar vino al producirse la casual fermentación del jugo fresco de uvas contenidas en vasijas o ánforas, en las que se guardaban para consumirlas como frutos frescos.

Del Medio Oriente, la vid fue llevada a Grecia y más tarde los romanos se convirtieron en los máximos propagadores del fruto, ya que al mismo tiempo que las legiones de Roma llegaban a los cuatro puntos cardinales (del mundo entonces conocido), se sembraban viñedos en Germania, Britania, Iberia, Lusitania y la península italiana.

El vino llegó a México de la mano de los españoles en la época de la conquista, en la que llevaban cantidades importantes de barricas con vino, bebida esencial en la dieta diaria de los conquistadores. Además no cabe olvidar, que en la ceremonia de la misa era un elemento indispensable.

De ese ya lejano origen, ha pasado mucho tiempo. La industria vitivinícola mexicana ha sorteado infinitud de obstáculos, obteniendo una excelencia y una gran finura en los vinos producidos en nuestro país.

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